17 oct. 2016

Show don't tell y la inmersión de Buero Vallejo

Cuando estudiaba Lengua y Literatura en Bachillerato tuve una profesora fantástica. Era una de esas personas que hablan de la literatura con tanto entusiasmo que consigue atraparte en sus palabras y desear leer todos los libros que comenta

Pues en una de esas clases estaba cuando surgió el tema de Buero Vallejo y su teatro. Quedé enamorado de ese hombre con apenas unas frases. De camino a casa pasé por la biblioteca y cogí una recopilación de sus obras. Desde entonces, es uno de mis dramaturgos favoritos y te voy a contar qué es lo que me gusta tanto de él.


SHOW DON'T TELL 
Y LA INMERSIÓN DE BUERO VALLEJO

Buero Vallejo y los efectos de inmersión

Antonio Buero Vallejo fue un dramaturgo de gran importancia durante la España del siglo XX. Durante su vida tuvo que lidiar con el franquismo; se afilió al Partido Comunista, fue encarcelado y condenado a muerte. No fue hasta 1946, cuando consiguió salir de la cárcel, que empezó a valorarse su teatro (muchas veces censurado por el régimen), ganando el Premio Lope de Vega en 1948. Tras la muerte de Franco, se le reconoció su trabajo con el Premio Cervantes (1986) y con el Premio Nacional de las Letras Españolas (1996). 

Los temas de sus obras muchas veces estaban inspirados en su propias vivencias, como es el caso de La Fundación inspirada por su estancia en la cárcel. Por supuesto, abunda en su teatro una crítica social importante (siempre camuflada para evitar la censura).

Pero lo que caracteriza al teatro de Buero Vallejo (y lo que me fascinó en aquella clase de Literatura) fue su simbolismo y los efectos de inmersión. De esta forma consigue escribir un teatro que involucra al espectador (o al lector) en la narración, lo introduce de lleno en la piel de los personajes. 

El espectador deja de ser algo ajeno a los personajes: no solo observa la obra, sino que, mediante diferentes técnicas, Buero Vallejo consigue empaparle de la misma sensación que tienen los personajes que se mueven en el escenario. 

Te voy a poner el ejemplo que más me gusta. En Ardiente oscuridad, el protagonista es un ciego que se queja de la injusticia de no poder ver:

IGNACIO.- ¿Ciegos de qué? 
CARLOS.- (Vacilante.) ¿De qué? 
IGNACIO.- ¡De la luz! De algo que anhelas comprender… aunque lo niegues. (Transición.) Escucha: yo sé muchas cosas. Yo sé que los videntes tratan a veces de imaginarse nuestra desgracia, y para ello cierran los ojos. (La luz del escenario empieza a bajar.) Entonces se estremecen de horror. Alguno de ellos enloqueció, creyéndose ciego…, porque no abrieron a tiempo la ventana de su cuarto. (El escenario está oscuro, solo las estrellas brillan en la ventana.) ¡Pues en ese horror y en esa locura estamos sumidos nosotros!... ¡Sin saber lo que es! (Las estrellas comienzan a apagarse.) Y por eso es para mí doblemente espantoso. (Oscuridad absoluta en el escenario y en el teatro.) Nuestras voces se cruzan… en la tiniebla.

Buero Vallejo nos ha dejado a ciegas. Nos deja con esa angustia de no saber dónde estamos, ni de dónde nos habla Ignacio. Sus voces nos llegan flotando en la tiniebla que es la ceguera. Sentimos su desesperación de la misma forma que él la siente: no vemos nada. 

Un efecto que, aún hoy, sigue poniéndome la piel de gallina. 

El auge de la inmersión y La Fundación

Buero Vallejo usa su efecto de inmersión para introducirnos en la historia. Una realidad virtual, como si nos pusiéramos unas de esas gafas que ahora están tan de moda. 

Creo que su mayor nivel de inmersión se alcanza en La Fundación. En ella Tomás (el protagonista) trabaja junto con otros cinco personajes en la Fundación, un lugar colorido, con buenas vistas... Sin embargo, algo en la forma en la que se comportan los otros personajes y en las extrañas interacciones con el exterior hacen ver al espectador que algo no marcha bien. Cuando finalmente te das cuenta de que [Spoiler] Tomás sufre alucinaciones y está en la cárcel [Spoiler], Buero Vallejo ha conseguido hacerte dudar de tu realidad (igual que Tomás duda de la suya). 

Al mismo tiempo nos muestra la complejidad de la mente de los personajes, de sus múltiples capas. Y para ello utiliza algo que es muy recurrente en su teatro: personajes que evolucionan a lo largo de su obra y que suelen presentar alguna tara física (ceguera) o mental (locura).

"Todos estos recursos están muy bien en teatro, pero ¿de qué me sirve a mí si escribo una novela?", te preguntarás. Pues de la obra de Buero Vallejo se pueden extraer todos estos puntos:

1. Consigue que el lector empatice con tus personajes

Si quieres que tu libro enganche, debes tener grandes personajes, realistas y con miles de matices. No nos valen los clichés ni los personajes planos en este aspecto. Queremos personajes que tengan taras, que tengan problemas, fallos, inseguridades. 

Ese tipo de cosas que tan fácilmente surgen en el teatro de Buero debes incorporarlas a tu novela. Elimina a las Mary Sues

Busca el nexo de unión entre tu lector y tu personaje. Dale razones a sus acciones. Ya que hablamos de teatro puedes utilizar el Método de Stanislavski para hacer personajes más creíbles.

Además, algunas de las obras están claramente contadas desde la perspectiva de un personaje en concreto. Esto, en narrativa, supondría contarlas en primera persona, de forma que es mucho más fácil contar su visión del mundo y que el lector capte todos los matices de la personalidad del personaje.

2. Simbolismo y double coding

Mediante los diferentes iconos, símbolos, que utiliza en sus obras, Buero consigue transmitir un mensaje. Puedes quedarte con la ceguera simplemente, o hacer una segunda lectura y comprender que esta solo es una metáfora de las taras humanas. Si los humanos nos damos cuenta de que en realidad muchas de las cosas nos pasan desapercibidas, de que no lograremos comprender la mayoría de las cosas, de que estamos ciegos ante el misterio de nuestro ser y del mundo, entonces estaremos sufriendo la misma angustia que Ignacio. Y nos molestarán los millones de Carlos que se nos crucen diciendo que debemos ser felices en nuestra ceguera. 

Esta doble lectura, este mensaje cifrado que hay detrás de la historia que todos pueden entender me recuerda al double coding que tan bien explica Gabriella. Si conseguimos que nuestros textos sean capaces de transmitir dos mensajes estaremos dotando de gran valor a nuestra obra.

3. Haz que el lector sueñe


Mmmm... algo así, pero sin CGI

Haz que el lector no tenga más remedio que sentirse en la escena. Que sienta lo que sienten los personajes, que huela, que toque lo que hay allí. Haz que tu lector caiga en una especie de ensoñación, que olvide que está leyendo un libro.

Para ello debes tener cuidado y mantener la lógica interna de la historia, más aún si se trata de una novela fantástica o de ciencia ficción. Debes crear un hechizo verosímil. 

Si consigues hacer una historia verosímil, harás que tu lector apague esa parte crítica de tu cerebro. Este fenómeno, que es el sueño deseado de todo escritor, se denomina suspensión de la incredulidad.

4. Show, don't tell (muestra, no cuentes)

Este es uno de los puntos más importantes de la narración. Si lo que escribes se ciñe solo a describir sin fin a los personajes, a las escenas, al final consigues un texto aburrido

Aquí, Buero no nos dice que un personaje está loco, nos lo muestra. No se limita a contarnos la angustia del que no ve, sino que nos sumerge por completo en las tinieblas. 

Pues eso es lo que debemos hacer con lo que escribimos. Y, para ello, traigo una recopilación de 5 trucos para asegurar que muestras en lugar de contar.

Usa un ejemplo


(Dalila de Escribiendo Ruido)


En su artículo, Dalila nos lo pone fácil esto del "Show, don't tell". Cuando vayas a contar algo, hazlo con un ejemplo. Me explico: no me cuentes lo que pasa de forma genérica. En lugar de ello, muéstrame una escena diaria en la que esto ocurra:

Tell: 
María estaba harta de tener que ir al trabajo. Su jefe, Daniel, le daba arcadas. Sabía que la había contratado solo con intención de acostarse con ella y eso la hacía sentir incómoda.

Show: 

María permanece de pie tomando nota de todo. Siente la mirada de Daniel clavándose en sus curvas igual que siente los tacones clavándose en sus pies.
—María, ¿podrías coger la grapadora del tercer cajón? —La voz suena casi ansiosa, como aquella sonrisa que sobresale por la comisura derecha de sus labios.
Temiendo que sus tacones terminen de destrozarle los pies, María se inclina y abre el cajón más bajo de la estantería. Tras ella, oye el sonido de la silla del despacho y sabe que Daniel se ha agachado ligeramente, disfrutando de las vistas de su culo. Cierra rápido el cajón y se incorpora como un resorte, tratando de aguantar las ganas de graparle la cara a aquel gilipollas. "Solo dos meses de hipoteca más", se dice.
Cuando le tiende la grapadora, Daniel la agarra de la mano y la atrae. El aroma a Varon Dandy se le clava en el cerebro y tiene que hacer un verdadero esfuerzo por contener una arcada.

De esta forma enriquecemos el texto y nos permite también decir que solo trabaja allí para poder pagar la casa. Y no lo hemos contado, sino que lo mostramos con un ejemplo.


Sustituye los verbos "ser" y "estar" por acciones

(Yolanda de Tinta al sol)

Este truco que cuenta Yolanda me parece muy útil y muy fácil de aplicar. Revisa algún texto, el que quieras, y busca dónde has escrito los verbos "ser" y "estar". No tengas en cuenta el uso de "estar" refiriéndose a una situación física, sino al estado en que se encuentra el personaje. 

Estoy seguro de que ya has encontrado varios ejemplos de "Javier es alto", "estaba totalmente aburrida", "la habitación estaba desordenada"... No quiero que me digas que la habitación está desordenada, muéstramelo diciéndome que un calcetín sin pareja cuelga del reposacabezas, un par de pantalones sucios te impiden abrir la puerta del todo, un sándwich a medio masticar está encima de unos papeles manchados encima de la mesilla... 

En lugar de decirme que el personaje está nervioso, pon una acción. Dime que mueve inconscientemente la pierna debajo de la mesa, que se muerde la uña del dedo índice mientras lanza miradas continuas a la puerta de la cafetería. 

Si lo haces así, te puedo asegurar que tu lector es lo suficientemente inteligente como para deducir que está nervioso y que está esperando que algo entre por aquella puerta. Haz como Buero y muestra pinceladas para conseguir la inmersión del lector en la escena.


Especifica

(Joe Bunting de The Write Practice

Este truco solo es aplicable si no tienes límite para escribir. Si estás escribiendo un relato (más aún si es un microrrelato), entonces olvídalo. Sin embargo, para una novela es el truco perfecto, pues te permite además ampliar el número de palabras útiles

Ya te habrás dado cuenta con los dos consejos anteriores, que parte del mostrar supone decir cosas concretas, acciones (por ejemplo). Justo eso es lo que quiere decir este truco. Alarga la explicación, muéstrame por qué está triste, sé específico:

Tell: 
Me sentía muy triste aquella mañana. 

Show: 
Al despertar, aún sentía los ojos cargados de la noche anterior. Los kilómetros de sábanas a mi izquierda me recordaron lo vacía que estaba la cama. Cerré los ojos, sumiéndome en la oscuridad y me abracé las piernas bajo la manta. La humedad que manchaba la almohada me resultaba incómoda, pero necesitaba llorar, llenar quizá así el hueco inmenso que quedaba en aquella cama que no estaba diseñada para una sola persona.
Cuidado con no caer en la verborrea. 


Usa la opinión de otros

(Gabriella de Gabriella Literaria)

Más importante que definir un personaje, es dejar que otros personajes lo definan por ti. Da mucha más información, es mucho más claro y es mucho más eficaz. Y no aburres al lector con descripciones interminables. 

Este truco que menciona Gabriella es muy útil. Más aún cuando el narrador está en primera persona. ¿De verdad nos fiamos de las descripciones que hacemos de nosotros mismos? No, siempre están sesgadas por nuestros prejuicios (o nuestro exceso de amor propio). 

Si es otro personaje el que define al protagonista estaremos dando información de los dos, tanto de quien define como del que es definido. Todo un chorro de información mostrado en lugar de contado.


¿Puede verlo la cámara?

(Rose de Writer Digest

Revisa tus descripciones y hazte esta pregunta: ¿puede verlo la cámara? Cuando describimos algo podemos hacerlo de forma contada o mostrada. La contada es aquella que el lector tiene que asumir porque sí, porque nosotros como escritores se la hemos dicho. Si describimos algo de forma mostrada, le estamos dando pruebas al lector para que nos crea. 

Hay muchas cosas que una cámara no es capaz de percibir (las emociones, por ejemplo), pero sí capta el reflejo de ellas. Y es mucho más útil mostrar ese reflejo, esa manifestación física, que contar algo sin darle pruebas al lector.

Tell: 
Verónica condujo entre los altos árboles que rodeaban a la carretera. Un pequeño bosque amenazado que luchaba por sobrevivir. 

¿Cómo sabemos que el bosque está amenazado? De ninguna forma, no hay ninguna muestra de ello. El narrador nos lo ha contado y nos lo tenemos que creer a ciegas. Prueba a exponer hechos ante la cámara:

Show:
Verónica condujo entre los altos árboles en aquella carretera que subía hacia la montaña. Desde arriba se podía observar las hectáreas de tierra asolada, una franja de estéril color marrón y gris que separaba la ciudad del bosque. Antes de que la carretera girase, Verónica alcanzó a ver como dos árboles caían a plomo. Peso muerto. Otra sentencia a aquel bosque amenazado que luchaba por sobrevivir.
Por supuesto hay muchos elementos que una cámara no capta y que son también una parte importantísima para mostrar. Así que a este truco habría que añadirle los olores, los tactos... Escribir con los cinco sentidos es también una forma genial de mostrarle al lector qué está ocurriendo. Igual que Buero Vallejo describe en La Fundación la peste que huele Tomás y que resulta ser tan importante para la historia. 


Si consigues montártelo bien, tendrás a los lectores caminando por los escenarios de tu novela.

Creo que con todas estas herramientas y trucos ya tienes suficiente para hacer que tus textos nos muestren la historia y no nos la cuenten. Si tienes tiempo, te recomiendo echarle un ojo a la obra de Buero Vallejo y tratar de trasladar sus efectos de inmersión a tus textos. Aunque leer teatro no sea a lo que estás acostumbrado. 

¿A qué estás esperando? Corre, vete a escribir.

Y haz que tus lectores se sientan inmersos en tus palabras.

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5 comentarios:

  1. Los consejos son muy útiles, pero tengo que decir que nunca le he pillado el punto a leer teatro, para mí las anotaciones como "el telón baja" le quitan magia a la historia. Biquiños!

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    Respuestas
    1. Pues quédate con los consejos y no leas teatro :P
      Siempre es mejor disfrutarlo directamente en directo, ¿no?
      Al fin y al cabo, si no te gusta el teatro no vas a sacar nada de leerlo excepto aburrirte como una ostra.
      ¡Un beso!

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  2. Admiraba a Buero Vallejo en mis tiempos de colegio y ahora que ya tengo canas en la cabeza, me ha gustado aprender de él de nuevo. ¡Muchísimas gracias!

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    1. A mí me gusta bastante, creo que se me ha notado. Hay otras obras que no tienen quizá tanto efecto de inmersión, pero que son geniales igualmente. Como es el caso de Historia de una escalera.
      Me alegra que te haya gustado la entrada ^^
      Con eso ya me quedo más que conforme ;)

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  3. Es la segunda vez que leo esta entrada y no deja de fascinarme este recurso teatral llevado a la escritura. Lo tengo entre mis favoritos. Muy bien, Rafa.

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