8 may. 2016

Cómo añadir drama a tu novela

No hay nada más aburrido que una historia en la que no pasa nada. Excepto que tu intención sea escribir algo enormemente bello demostrando lo vacías que puedan ser tus primorosas palabras, una historia sin altibajos es aburrida. 

Eso es así. 

En el fondo a todos nos gustan los conflictos, los problemas, las situaciones difíciles. Tú, no mires para otro lado. Ambos sabemos que un poco de drama está bien. 

Que conste que a mí no me gustan las novelas dramáticas. El drama por el drama no, por favor. Hay a quien le gusta, pero no es mi caso: una novela sólo con drama no es para mí. Pero sí reconozco que una historia sin un poco de complicaciones en el camino del héroe (la muerte de un ser querido, una revelación dolorosa, engaños... drama al fin y al cabo) no es lo mismo

El drama aleatorio no le gusta a nadie (o sí, pero no a mí, ya os lo he dicho) y, además, el drama justificado, el que tiene sentido para la historia y para los personajes, es mucho más real y mucho más intenso

Pues si es tan importante habrá que saber darle su sitio, su lugar, saber cómo introducirlo... ¿Por qué no dedicarle un tiempo a estudiarlo?

Cómo añadir drama a tu novela


CÓMO AÑADIR DRAMA A TU NOVELA

La cuestión dramática

Puesto que no soy muy versado en el drama, me puse a buscar como loco información sobre él en todos los sitios imaginables. Buscaba formas de introducirlo cuando encontré esto: la cuestión dramática

¿Qué es la cuestión dramática? Doug Eboch lo define en su blog como la columna vertebral de tu historia, aquello sobre lo que va a sustentarse todo. No es el tema, tampoco es el argumento. La cuestión dramática es la pregunta que se hace el lector y que lo invita a seguir leyendo para poder encontrar la respuesta. 

Esta pregunta es una cosa simple, sencilla, que debe recoger toda la incertidumbre de la historia. Si un personaje tiene un dilema o un conflicto, ¿cómo llegara a la resolución de este? O, lo que es más importante, ¿llegará siquiera a solucionarlo?

Esta pregunta no aparece (necesariamente) de forma explícita en el texto, sino que es una especie de acuerdo no hablado con el lector: yo te doy la pregunta y vas a tener que leer para encontrar la respuesta. Cuanto antes aparezca y más clara sea la cuestión dramática, más fácil es enganchar al lector

Como dicen en The Write Practice, la cuestión dramática es por qué Crepúsculo es un éxito de ventas. Aunque, fuera de bromas, es cierto que hay algo de verdad en esta afirmación: la cuestión dramática es la razón por la que Crepúsculo ha vendido millones de ejemplares (no es la única razón, pero es una de ellas). Desde el principio te deja clara la duda: ¿podrán Edward y Bella estar juntos pese a ser este un vampiro? 

Recuerdo un día hablando con mi tía sobre Cincuenta sombras de Grey. Me dijo que no le gustaba tanto y que incluso había partes mal escritas, pero que quería seguir leyendo por la intriga de qué era lo que le había pasado a él para ser así. ¡Ajá! Cuestión dramática. 

Piensa en cualquier historia y verás que, de fondo, hay una cuestión dramática, una pregunta cuya respuesta ansías: ¿Qué pasará cuando salga la Luna Roja? ¿Conseguirá Harry derrotar a Voldemort? ¿Conseguirán destruir el Anillo Único? ¿Conseguirá Jack el Talismán para salvar a su madre? Todas esas cuestiones necesitan una respuesta, una resolución. 

Pero la resolución no puede ser directa, ya hemos dicho que nos gustan los problemas, nos gusta el drama. No todo puede ser un camino de rosas: ¿gustaría tanto El Señor de los Anillos si llevar el Anillo Único a Mordor hubiese sido fácil? ¿Sin la muerte de Gandalf? ¿Sin el sacrificio que hace Frodo llevando el anillo y perdiendo la cordura? 

Por supuesto que no. Nos gusta sufrir, al menos un poco, con los libros (exceptuando las comedias). Ese es el drama importante, en el que se interpone entre la cuestión y la resolución y el que hay que saber cómo introducir. 

4 formas de añadir drama

1. La calma antes de la tormenta

Si tu protagonista desea una preciosa tarta de cumpleaños, enséñasela. Imagínatelo: le han montado una fiesta sorpresa después de pensar que todo el mundo se ha olvidado de su cumple. Y allí están todos, con la tarta perfecta, esperando a que él llegue para soplar las velas, ¡qué bien! ¡No podía ser más feliz! 

Ups. ¿Qué? ¿Cómo que la tarta no era para él? Ah, la fiesta sorpresa no es para él. Nadie se ha acordado de su cumpleaños...

Este es un ejemplo simple. No quiero poner ejemplos de libros porque los spoilers serían demasiado reales y me matarías (con razón). Pero puedes llevar este ejemplo a cosas peores: siempre quiso una familia perfecta, como esa que tenía. Desayunaban todos los días una montaña de tostadas, con alguna discusión matutina que los hacía aún más idílicos y perfectos. Hasta que una banda de mercenarios los asesinó a todos delante de la cara de tu protagonista, que ve deshacerse su corazón con cada cuchillada. 

Auch. Eso ha dolido.


2. Haz que tu personaje haga "lo correcto"

Tu protagonista es un ser de gran corazón, ¿verdad? Está deseando salvar a su madre de las garras de la muerte, pero para eso tiene que derrotar a aquel demonio invencible. Se lo dijo su maestro, el increíble arcángel de luz que lucha por el bien. 

Un segundo antes de morir el demonio lo mira y le dice: "por favor, sálvala, hijo mío". ¿Cómo? ¿Salvar a quién? ¡Oh, dios! ¿Qué has hecho insensato? Has matado a tu padre, el que salvó a tu madre de las temibles garras del arcángel. Sólo quería que no usasen el poder que alberga en su alma para despertar el arma Juicio Final 3000. 

Tu héroe ha estado todo este tiempo equivocado. ¡Ha estado ayudando al malo! Ha matado a su padre y, por su culpa, el arcángel ha sacrificado a su madre, ha encendido el Juicio Final 3000 y pretende destruir el mundo para empezar la creación de nuevo. 

Menudo desastre. Tendrá que cargar con toda esa culpa y luchar con su maestro, la única persona en la que confiaba y que lo ha utilizado como un títere. ¡Y solo tiene 15 minutos antes de que el arma esté cargada y arrase con todo ser vivo! 


3. El error

Mike se planta delante de la bomba. Estaba indeciso. ¿Cable rojo o cable azul? Uno de ellos los salvará, el otro los condenará a él y a la última elfa del Reino. El tiempo avanza y tiene que tomar una decisión. 

Recuerda, vagamente, que en el ejército les enseñaron a detener una bomba. ¿Qué le decían? Que sólo tenía que cortar el cable que uniese el contador con el detonador y no el detonador con la carga. Eso es. Sí. El cable rojo. 

Explosión
Nota: ningún ser vivo fue dañado durante la escritura de este artículo ;) 

Quizás no sea necesario ser tan drástico, pero las personas nos equivocamos. Y tus personajes, si pretendes que sean reales, con altibajos y relieve, tendrán cosas buenas, cosas malas, aciertos y equivocaciones. ¡Que meta la pata como todo hijo de vecino! Conseguirás crear un conflicto, un poco de drama y encima le das realismo. ¡Combo! 


4. El secreto

Déjalo caer sutilmente. No lo cuentes desde el principio. El secreto puede tenerlo el personaje principal o cualquier otro. Es algo que pasó hace tiempo, algo que no se nombre, pero que se intuye en la forma de actuar de los personajes. 

El protagonista siempre es muy distante con su padre (descubriremos que le pega más adelante) o siempre intenta evitar pasar por puentes (le recuerda a cuando estuvo a punto de ahogarse de pequeño) o mirarse en espejos (a través de ellos ve siempre el reflejo de su gemelo muerto). 

El secreto va a esconder algo oscuro y lo intuimos en la forma en la que está escrito el texto. Hay algo que te hace pensar que no todo va tan bien como aparenta. Poco a poco iremos intuyéndolo y llegará un momento en el que lo descubramos. 

Este, quizás, sea el recurso más difícil de usar porque insinuar algo escribiendo es difícil (al menos en mi opinión). 


El melodrama

Una cosa es el drama y otra el melodrama. Es decir, una cosa es un momento de conflicto, un momento traumático, algo doloroso... y otra cosa es la sobreexageración de ello. ¿Te comiste la última galleta? ¿La galleta que estaba guardando para el príncipe Romualdo Julián III de su dinastía? ¡Por tu culpa no tendrá galleta y no me amará nunca y me quedaré sola y moriré comida por mis propios gatos! TODO POR TU CULPA. 


"¿QUÉ HACES BESANDO A LA LISIADA?"
Melodrama puro y duro

Pues no. 

Igual te digo: no todo lo malo le pasa a una misma persona. Vale que quieras hacerle sufrir, pero la pobre María no puede suspender un examen, ver cómo Jose le pone los cuernos con Victoria, llegar a casa y que su madre no la quiera porque le recuerda al intento de reconciliación (fallida) con su padre (que tampoco la quiere). Pero es que encima María es atropellada por un coche, se queda paralítica de por vida y su hermano, él único que se ha preocupado por ella, intenta ahogarla con un cojín para quedarse con la herencia de su padre que acaba de morir. 

Eso tampoco. 

El melodrama está bien si sabes usarlo (quizás como nota cómica en la historia sea un buen recurso). Las desgracias inacabables (como las de María) sólo tienen sentido si están explicadas (sobre ella cae una maldición que tiene que romper) o si se intercalan con cosas positivas (una de cal y otra de arena). 


¿Y a ti, te gusta el drama? Puedes decírmelo en un comentario o mediante un mensaje en Twitter. ¿Cómo introduces tú el drama? ¿Alguna forma más aparte de las que yo he puesto? Seguro que sí jeje

A todos nos gusta sufrir un poco. Cuando escribimos, cuando leemos. 

Es un sentimiento que nos hace sentirnos vivos. 

Y da vida a la letra impresa en papel. 

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5 comentarios:

  1. ¡Gran entrada!
    Me encanta la parte del melodrama, si sabes usarlo con humor y con gancho, es un recurso buenísimo, de lo contrario los culebrones no tendrían tanto éxito. Fíjate en cómo series como Twin Peaks o Friends, usan culebrones de fondo —Los Días de Nuestra Vida e Invitación al amor—. En algunos momentos hacen un uso exagerado del drama, solo por su vertiente cómica, sin embargo, Lynch convierte Invitation to Love en un resumen continuo de los hechos de Twin Peaks, puedes seguir la serie con los pedacitos de culebrón que van viendo los personajes.
    Me ha gustado el ejemplo de la tarta y del cumpleaños, aunque yo, lo hubiera retorcido mucho más, como que al encender la luz y encontrarse con todos sus amigos y la tarta, huyera espantado porque no sabe quién es toda esa gente :P
    Bueno, lo dicho, gran artículo!

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    Respuestas
    1. ¡Muy buenas, Jaume!
      El melodrama es un arma de doble filo, pero creo que es de las mejores si sabes usarla bien.
      Sigo teniendo pendiente Twin Peaks,pero en Friends... jaja no había caído.
      Me recuerda un poco a los fragmentos de McBain en Los Simpsons (que por cierto, si los pones juntos sale una película completa). Tendré que ver Twin Peaks para juzgar las alabadas habilidades de Lynch como guionista.
      Lo de la tarta es simple, ahora ya puedes empeorar. Ahí está la gracia (a ti seguro que se te ocurre algo más oscuro, siniestro e indescriptible típico de una obra de Lovecraft)
      ¡Muchas gracias y gracias por el comentario!

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  2. No puedo dejar de pensar en la pobre María y en lo desgraciada que fue su vida. Ahora en serio, gran entrada. Confieso que mi sadismo me impulsa a hacer sufrir a los personajes de mis relatos. Especialmente si les tengo cariño.

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  3. No puedo dejar de pensar en la pobre María y en lo desgraciada que fue su vida. Ahora en serio, gran entrada. Confieso que mi sadismo me impulsa a hacer sufrir a los personajes de mis relatos. Especialmente si les tengo cariño.

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    1. La pobre María... yo sigo pensando que fue víctima de una maldición que no supo cómo romper. Me alegro de que te haya gustado la entrada :)
      Quien bien te quiere te hará sufrir, ¿no? Pues eso. Hay que hacer que sufran un poquillo, ¿si no qué gracia tiene?
      Un saludo ^^

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